La Ruta Sanjuanista de Consuegra es una marcha cicloturista de carácter controlado durante todo el recorrido excepto en las subidas y los 10 últimos kilómetros. Se trata de un trazado de 100 km con 2 puertos de 3ª y final en alto. Los puertos son Alto de los Yébenes, Majarliza y Alto Calderico (Subida al Castillo y molinos de Consuegra).
Durante la temporada 2005 mi propósito era mejorar la fuerza. La temporada anterior había notado que el «motor» respondía bien cuando había que apretar el acelerador, pero la falta de fuerza me impedía aguantar a mis compañeros de grupeta cuando estos apretaban fuerte y sobre todo cuando la velocidad aumentaba. Me siento cicloturista, ante todo, pero como a la mayoría de los cicloturistas, nos gusta poder aguantar el ritmo que imponen los colegas de ruta, y sobre todo que no tengan que estar esperándonos. Tengo el orgullo de poder decir que la peña a la que pertenezco es de esas peñas donde la gente se cuida y el Domingo es un día de culto para la bicicleta. Todos somos currelas y es difícil compaginar bicicleta, trabajo y familia, pero lo que tenemos claro es que para andar en bicicleta lo mejor es no dejarlo, y hay una regla no escrita que dice que lo importante es hacer «algo» dos veces entre semana y el Domingo pegarte la paliza. Y así es como pasé la temporada 2005, desde abril más o menos, he estado saliendo martes y jueves, además de algún viernes o sábado y la verdad es que noté bastante mejoría. Sabía que había llegado con mucha mejor forma que el año anterior.
¿13 %? . El alto de Majarliza me había parecido un infierno el año anterior, pero en esta ocasión me quedaba 0,5 km para coronar y todavía no había bajado el velocímetro de 19 km/h, ¿realmente tenía un 13 % esa rampa que me lo pareció el año anterior? Empecé a subir con los de delante, pero sin la intención de forzar, ya que no quería quemar ningún cartucho antes del final, pero en esta ocasión, en vez de ver a la gente alejarse, veía a la gente subir a mi ritmo, estaba claro que había conseguido mejorar respecto al año anterior.
El final. A falta de unos kilómetros para el final, la organización soltó al pelotón para que cada cual fuera a su ritmo y pronto nos vimos todos pedaleando a casi 50 km/h como si nos jugáramos el Tour de Francia. Hubo un momento de sufrimiento en el que estuve a punto de descolgarme del grupo de cabeza, pero apreté los dientes y conseguí volver a entrar en ese grupo de cicloturistas locos que querían cazar a tres fugados que intentaban llegar con cierta diferencia a los pies de la subida al Castillo. Yo no sabía en qué posición estaba subiendo, pero comprobé que acababa de pasar al grupo de escapados que reventó cuando comenzaron las primeras rampas de la subida. Desde aquí hasta el final, subí solo, controlando agónicamente al que iba delante mía y al que iba detrás. Finalmente pude recoger un pequeño trofeo que me otorgaba el décimo puesto en la marcha. Solo era un décimo puesto, pero para mí era la prueba de que había mejorado de un año a otro y eso era lo que me hacía más ilusión. El primer puesto, al igual que el año pasado, lo volvió a conseguir un corredor de categoría «Elite» del Club Pina de Toledo.